sábado, 8 de febrero de 2014

Año III Núm. 18 - Enero 2014

Conciencia ciudadana:
una necesidad imperativa

.  Sergio Gras  .

En toda agrupación humana, sea cual sea su tamaño o función, la convivencia es una actividad fundamental e inevitable que afecta profundamente a todos sus integrantes. En cualquier caso, la fortaleza de esta relación siempre se fundamenta en unos principios básicos y sencillos que establecen entre sus miembros unos lazos recíprocos de confianza y honestidad. Si esta correspondencia no existe, la relación ya no es de igual a igual, sino de dependencia, y esta circunstancia lleva siempre a los abusos y dominaciones por un lado, pero también al sometimiento y dependencia desde el otro. De modo que, en las relaciones humanas, solo la IGUALDAD y la RECIPROCIDAD más absoluta entre sus miembros nos lleva al equilibrio y a la justicia. Y lo contrario nos lleva a colectivos desequilibrados y arbitrarios, que terminan inexorablemente en el despotismo.
Por otro lado, todo grupo representa siempre el resultado de la suma de cada una de sus partes, de modo que la suma de las características de cada uno de los componentes conforma las virtudes y defectos del conjunto. Un ejemplo gráfico podría ser el siguiente: si está lloviendo, la suma de todas las gotas que caen forman el agua que se recoge en los ríos y lagos. Si el agua y el aire están limpios y sin contaminación, el líquido recogido será limpio y cristalino y beberlo resultará placentero. Sin embargo, si la lluvia y el aire están contaminados y hay suciedad en ellos, el líquido recolectado resultará sucio e insalubre, y no se podrá beber por el evidente riesgo a envenenarse.
Este mismo ejemplo puede aplicarse a cualquier agrupación humana, sea cual sea su escala: familiar, docente, profesional, ciudadana, etc., su calidad y solidez dependerá siempre de las aportaciones individuales de cada uno de sus miembros. Por ello tenemos que ser CONSCIENTES de que nuestras aportaciones individuales sumarán o restarán fortaleza y valor al colectivo. Esta CONSCIENCIA INDIVIDUAL, que nos da el conocimiento inmediato e íntimo sobre nuestros actos y reflexiones, cuando se suma a la de los demás miembros de un colectivo representa la CONSCIENCIA COLECTIVA del mismo y, en consecuencia, su calidad y robustez.
Cualquier colectivo en cualquier parte del mundo responde a estos principios de funcionamiento. Resulta sencillo y muy interesante analizar las condiciones básicas y características de algunas sociedades y comprobar la calidad y fortaleza de las mismas. Pero antes de iniciar este análisis conviene puntualizar que no existe una sociedad absolutamente perfecta o imperfecta, sino que siempre se tiene que hablar de tendencia o predisposición mayoritaria. Asimismo, hay que evitar las calificaciones extremas llamando a unos grupos buenos y a otros malos, ya que en realidad todos poseen unas características que pueden ser buenas o malas en función del punto de vista que se aplique. En nuestro caso, aplicaremos la perspectiva del bien común y de la solidez del grupo.
Reflexionemos sobre algunas características propias de las sociedades del norte de Europa, como: la aplicación rigurosa de la igualdad entre ciudadanos en derechos y deberes, la defensa de la libertad individual, la defensa de la calidad en la educación como base de la formación de ciudadanos, y el respeto a las leyes y normas de convivencia. El resultado son sociedades sólidas con una fuerte tendencia igualitaria, preocupadas por el bienestar general, solidarias con la igualdad y justicia social, y rigurosas en la defensa de sus derechos tanto como en el cumplimiento de sus obligaciones, ya que el individuo que perjudica el bien común perjudica a todos y cada uno de sus miembros.
En contrapartida, algunas características de las sociedades del sur serían: la desigualdad entre ciudadanos con el mantenimiento de privilegios poco menos que feudales, el incremento de la injusticia social, la relativización en la aplicación de las leyes, la influencia política en los demás poderes, el maltrato de la educación con cambios constantes de programas y el desprestigio de los responsables docentes, los privilegios fiscales, etc.
Estas reflexiones nos llevan a una conclusión evidente: la elevación de la CONSCIENCIA CIUDADANA es una necesidad imperativa para lograr una sociedad más justa y equilibrada.

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La hora del café

.  Mis Marple  .

- Esta mañana he realizado la llamada habitual a mi madre.
- Como todas las mañanas, ¿no?
- ¡Pues sí! Eso es lo que tenemos las hijas, a diferencia de los hijos. Y no es que queramos más a nuestras madres que ellos, sino que nosotras estamos más en el día a día, en lo cotidiano. Supongo que está en nuestra naturaleza.
- Tienes razón, es así.
- Pues mira lo que me ha dicho. Parece que cuando salía de misa se ha encontrado con una manifestación. Y tanto ella como sus amigas se han quedado extrañadas al verla. Y me dice que "no eran de aquí, del pueblo". Y le pregunto: “¿una manifestación en el pueblo de gente que no es de aquí, del pueblo? ¿cómo es posible, mamá?”
- ¿Y quién se manifestaba? No me había enterado.
- Un grupo de vecinos del nuevo Barrio de la Dehesa a los que, al parecer, van a desahuciar ya que no pueden pagar sus viviendas.
- Qué tristeza. Como si la gente dejara de pagar por gusto.
- Lo más sorprendente es que, cuando le he explicado a mi madre lo de los desahucios, me pregunta que si son de esas gentes que se meten en las casas por la fuerza, de "ocupas". Ella no entiende que se eche a tantas personas de sus propias casas y que nadie les ayude a poder mantenerlas. ¿Qué va a pasar con esta gente, si los echan a la calle?
- Es que no hay quién lo entienda. Es una tragedia.
- Y encima te dicen en las noticias que los banco en el 2013, han cuadruplicado sus beneficios y siguen con los brutales desahucios. Algo no está bien.

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No se luchó para esto

. Aristarco Milton  .

A algunos no nos cogió de lleno esta generación que tenemos en el recuerdo. Aquellos hombres y mujeres que quisieron cambiar las cosas, estaban llenos de fuerza, de ilusión, sabían hacia dónde querían ir: era una lucha por la esperanza de un mundo distinto, una lucha desigual, tenían un referente claro: la libertad. No querían salir a la calle acobardados, necesitaban poder ir a una librería y comprar el libro que quisieran, sin que les miraran de manera extraña, querían comprar un disco de Paco Ibáñez, o de Georges Brassens  sin tener que ir al extranjero o sin tener que pedirlo furtivamente en el rastro.  Querían cantar las canciones de Luis LLac, estaban, estábamos, hartos de Manolo Escobar y del Martínez Soria con las moralinas, ver cine sin que alguien cortara la cinta donde le parecía oportuno. No eran héroes de nada pero en ocasiones decían en voz baja que ya estaba bien. Algunos lo expresaban en el campus de la universidad, otros en un barucho sórdido, en los sótanos de la iglesia de algún cura progre que se sentía cercano a ellos. Verdad es que a veces desaparecían y volvían a sus casas con la cara marcada. Todos se manifestaban apolíticos en público pero no todos se quedaban impasibles ante la realidad que no aparecía en el NODO. Luchaban cuanto podían que era muy poco: alguna canción protesta, algún artículo de un periódico que parecía lo más de lo más en contra de lo que se consideraba decente. Era, necesitar ser algo indecente, los Beatles y sus pelos largos o Joan Baez o Dylan diciendo a los gobernantes que que se metieran las bombas en el ombligo, y sobre todo escuchando con estremecimiento el Nosotros venceremos de Pete Seeger. encendiendo un mechero de plástico que nos quemaba los dedos. ¡Qué poco dolía el fuego! Dolía el significado, lo que se pretendía decir en canciones como "Al alba". Después, un contenedor y a correr, una piedra a los cristales de un banco o un semáforo y a correr. ¡Qué pocos había corriendo! Aunque con el tiempo todo el mundo dice que corría. Es igual,  ¡qué más da!  era tanto el miedo que no extrañaba que fueran tan pocos, además así era más fácil dispersarse: los policías daban muy fuerte. ¿Recuerdan la noticia del obrero volador, ese que murió en una manifestación cuando los policías "disparaban al cielo" para dispersar a los manifestantes? Cuánta mentira cuánto fútbol, cuánta demostración sindical en el Bernabéu, cuánta fealdad.
Lo único bonito era cuando se hablaba de las hazañas, aquellas pequeñas, grandes cosas pensando, luchamos para algo bueno y... Ahora se dice: Ya puedes hablar de lo que quieras, comprar, ver, pensar,  y lo que deseas al fin es; un móvil de última generación, ver mucho fútbol, tomar coca cola o un güisqui que resulta mas egregio, gobernados por corruptos mastodónticos de un signo u otro, ir a la última, cine en diecisiete dimensiones y muuu virtual, no leer nada y pensar menos eso ya lo hace la televisión y si vamos  a un concierto, no escuchamos al cantante, porque tenemos que chillar mucho y cuando la canción es melosa, de que te quiero  y me has dejado y lali lai lalili , enciendo la lucecita del móvil y nos sentimos con ello revolucionarios, aunque lo que pretendemos en verdad es ganar dinero. No, señores, no,  No se luchó para esto.   

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[RE]SET

.  María Darling .

"La educación está reprimiendo los talentos y habilidades de muchos estudiantes; y está matando su motivación para aprender". (Ken Robinson).
En la actualidad vivimos en el marco de una realidad global que está generando importantes cambios en los modos de entender las distintas esferas de la vida, entre ellas la educación. Tradicionalmente el valor del conocimiento residía en su durabilidad y en su capacidad de representación del mundo, verdades de orden inmutable, leyes universales, hoy, en un mundo en constante cambio que pone en tela de juicio la verdad del conocimiento, se ha convertido en una mercancía más y como tal pierde valor con el paso del tiempo y se sustituye por versiones mejoradas. Todo esto, unido al aumento exponencial del volumen de información al que podemos acceder diariamente, pone de manifiesto que nos enfrentamos a un sistema mucho más complejo. Necesitamos encontrar alternativas.
Esto no es nada nuevo. La historia de la educación ha ido comprobando regularmente cómo su aislamiento de la realidad la ha obligado sucesivamente a reformularse, a reinventarse. Edward D. Myers, por ejemplo,  tras analizar los marcos educativos de distintas civilizaciones detectó la creciente tendencia a considerar la educación como producto en vez de proceso, lo que suponía un claro error puesto que la educación debe prolongarse durante toda la vida y ser capaz de generar hambre de más aprendizaje y conocimiento. No obstante el actual sistema educativo continúa respondiendo a las necesidades propias de una economía industrial, una estructura de procesos lineales basados en la repetición y la estandarización, mientras la realidad se dirige hacia una economía de servicios e información en la que las ideas y la creatividad son fundamentales.
El gran reto de la educación pasa por ayudar a que los individuos descubran sus propias potencialidades. La motivación, la pasión y la emoción permitirán retomar el disfrute del proceso de aprendizaje y entonces los resultados llegarán solos.
Según el filósofo y sociólogo Bauman, vivimos una modernidad líquida, una realidad incierta y en constante cambio y debemos ser lo suficientemente versátiles y flexibles como para afrontar las distintas mutaciones que se harán necesarias durante el proceso vital. Por tanto, la memorización, la repetición, las clases magistrales están absolutamente desfasadas. Basándonos en estándares de medición incompletos estamos fomentando un sistema excluyente, con disciplinas de primera, de segunda y de tercera. Estamos perdiendo la oportunidad de descubrir talentos y habilidades que se salen de las unidades de medida. Además la reciente emergencia de nuevos modelos de producción basados en la gestión comunal de recursos, tales como los sistemas de intercambio P2P, los proyectos colectivos de producción de conocimiento, los proyectos colectivos de gestión cultural, o las licencias libres han modificado las bases de la producción cultural. Las estructuras jerárquicas están siendo sustituidas por otras de carácter horizontal y democrático a través de la red. Esta realidad capaz de poner en jaque a las formas tradicionales de producción debe ser incorporada a nuestros recursos puesto que resulta más efectiva, innovadora y flexible…
Debemos resetear el sistema, comenzando por cambiar nuestra forma de ver y pensar el mundo. Una vez interiorizado este cambio estaremos en disposición de comenzar a trabajar en las "nuevas reglas del juego".

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Gamonal se defiende

.  Javier Ruiz-Medrano Lucas  .

Confieso que tengo un cariño especial por la ciudad de Burgos. No en vano pasé un año de mi vida recorriendo sus calles y mezclándome con sus gentes. Lo han adivinado: hice la mili en Burgos, ciudad castellana donde las haya y donde fui tratado siempre de manera inmejorable. Nunca pensé que podría haber disturbios callejeros en esta ciudad y aún menos en su barrio más populoso, Gamonal, mil veces recorrido y mil veces visitado en aquel año de milicia.
Pero un alcalde con ínfulas de grandeza lo ha conseguido. Ha conseguido que miles de personas le digan a gritos por las calles que no. Que no están de acuerdo con sus proyectadas obras faraónicas que pretenden convertir la calle de Vitoria, una de las más populosas de la ciudad, en una zona de paseo para parados y jubilados. Porque el alcalde, en aras de no sé qué supuesta calidad de vida, pretendía convertir la calle en una zona poco más que de recreo y esparcimiento, con dos minúsculos carriles para la circulación por si a alguien se le ocurría transitar por allí con un coche.
Y a los vecinos no les gusta. No quieren que les maten la calle como ya se ha hecho en innumerables pueblos de España. Quieren seguir con sus comercios, sus bares y sus restaurantes como han estado hasta ahora. No quieren asistir al cierre paulatino de negocios en los que se traduce una de estas calles por las que acaba no pasando nadie y que hacen de los cascos históricos verdaderos fantasmas urbanos. Yo ya sé que se puede ir a todos esos sitios andando o en el transporte urbano pero la cruda realidad es que la gente no va. Salvo contadísimas excepciones, que las hay, cualquier sitio al que no se pueda acceder cómodamente con un vehículo particular está herido de muerte. Llevamos ya unos cuantos años en que lo moderno parece ser crear zonas peatonales o semipeatonales en todos los centros de las ciudades, con la consiguiente desertización de las mismas. Esto a primera vista parece hasta beneficioso, pero paulatinamente la gente va desapareciendo de estas calles y se va trasladando a otras zonas de la ciudad, digamos no tan tranquilas. Y es que los alcaldes aún no se han dado cuenta de que nos gusta ir con el coche a todos los lados y que cualquier establecimiento ubicado en estas zonas que no tenga acceso por coche ve mermados sus clientes en una cantidad apreciable, cuando no insoportable.
Debe de figurar en el primer curso de la carrera de Alcalde (no se extrañen hay carreras para todo) esto de peatonalizar calles, pues la verdad es que en cuanto acceden al cargo es una de las primeras ideas que se les ocurren. Para ellos un pueblo o una ciudad es un sitio donde los viejecitos pasean con sus nietos y las mamás, o los papás, empujan el carricoche con sus vástagos displicentemente durante todo el día. Y ya en el culmen del bullicio hay alguno que pasa montado en bicicleta.
Y en esas estamos. El alcalde de Burgos se pensaba gastar diez millones de euros en matar una calle y los vecinos le han dicho que nones. Muchos lo verán como que el barrio de Gamonal es solo un barrio más de la ciudad de Burgos y que a lo mejor esa obra era beneficiosa para la ciudad. Pero los vecinos han decidido defender su calle y han ganado la apuesta. Bueno, la han ganado de momento. Saben que fiarse de los políticos es una aventura desconocida. Se ha hablado mucho en los distintos medios de que estos vecinos han utilizado la violencia para llevar a cabo sus reivindicaciones, de destrozos varios en el mobiliario urbano e incluso de tener bandas de ultraizquierda y antisistema infiltradas entre ellos. Yo me pregunto: ¿les hubieran hecho algún caso si se hubieran manifestado como monjitas? Ustedes tendrán su respuesta.
Yo recuerdo las primeras manifestaciones del alcalde en las que decía que la obra se iba a ejecutar sí o sí puesto que la llevaba en su programa electoral y había ganado las elecciones de calle. El problema reside en que en España, dada nuestra poca historia democrática, confundimos la democracia con una especie de dictadura de la mayoría. Esto lleva a nuestros alcaldes a creerse en posesión de la verdad por el mero hecho de haber logrado un puñado de votos más que sus adversarios. Se olvidan de que son los alcaldes de todos, no solo de los suyos. Este señor de Burgos podía haber preguntado en Gamonal si los vecinos estaban de acuerdo con las obras antes de embarcarse en un proyecto que, a la vista está, era rechazado ampliamente por el barrio. Es que nuestros gobernantes no nos preguntan nada. Piensan que tienen una patente de corso durante cuatro años y actúan como si todo lo que se les ocurre estuviera legitimado por las urnas.
¿Qué hubiera pasado aquí en Navalcarnero si alguien nos hubiera preguntado si queríamos una plaza de toros de más de diez millones de euros o si era conveniente llenar el pueblo de esculturas y rotondas? Pues no lo vamos a saber nunca porque nadie nos ha preguntado. Vivimos en una especie de Despotismo Ilustrado en el que ya vivimos en el siglo XVIII cuando Carlos III llenó Madrid de estatuas y fuentes. Pero esto no es la democracia, por lo menos para mí. La democracia es participación y en los ayuntamientos más aún. No es ver al alcalde paseándose por el pueblo inaugurando fuentes, glorietas y esculturas que nadie le ha pedido. No es peatonalizar calles y plazas dejando sin vida los centros de las ciudades sin hablar siquiera con los que viven allí. Así luego les llegan las sorpresas. Al alcalde de Burgos ya le han llegado. A otros ya les llegarán. 

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El walkman de mi hermano

.  Cristian Díaz Rodríguez  .

Recuerdo con cariño aquellas noches de martes o miércoles. Sentado al lado de mi hermano, imploraba que me dejara uno de los auriculares del walkman mediante el que escuchaba los partidos de la Champions. Nunca olvidaré a Manolo Lama, cantando los goles de Raúl; a Paco González, dando paso a Pedro Morata desde Mestalla; ni a Pepe Domingo Castaño, anunciando esos puritos que nunca subían de precio. Así me enamoré yo de la radio.
Mi hermano no entendía por qué tenía que aguantar al niño pesado que no le dejaba escuchar tranquilamente el fútbol. En ocasiones me reclamaba molesto: "!Pero si luego te cansas enseguida…!“ Y me echaba del sillón. "!Deja de dar el coñazo y vete a jugar por ahí!" Era cierto. Nunca tardaba más de media hora en dejarle el "casco" en el cojín y marcharme de un salto. En ocasiones llegué a tirar el walkman, que, por cierto aún conservo entre mis recuerdos más valiosos.
Así fue la primera vez que me enamoré, pero nunca me he desenganchado del todo. Mi relación con las ondas ha sido irregular. Hay temporadas en las que no puedo despegarme de mi minicadena. Se escucha música, programas de interés general, noticias, tertulias políticas y algún que otro programa de humor. La radio nunca deja que te sientas solo. Dentro de las peceras, los locutores no esperan que escuches todo lo que dicen, pero sí estar cuando los necesites.
La radio te acompaña, pero nunca estorba. No reclama insistentemente tu atención. No quiere que mires embobado el aparato. No desea que dejes de lado tu vida para sentarte a mirarla. Ella flota en el ambiente para que elijas entre lo que emite lo que merece tu atención. Probablemente es lo que me gusta de la radio. Estudio Periodismo, seguramente, porque recuerdo aquellas noches de otoño, invierno y primavera; porque me gustaría que alguien se encaprichase del periodismo, escuchándome en el éter; y porque no me gustaría que nadie se sintiese solo nunca. La radio es el mejor medio de transporte para nuestra imaginación; nos transporta en segundos a lugares lejanos o a tiempos remotos. Eso es lo que la hace especial y es lo que no debemos dejar escapar.



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De andar por casa 

Batas Blancas

.  Por A. Rodríguez  .


El tardío triunfo obtenido por las protestas masivas de la Marea Blanca para evitar que se privatizasen seis hospitales públicos de la Comunidad de Madrid no es moco de pavo; es un esfuerzo común de mucha gente que se ha involucrado con tesón en la defensa ante el totalitarismo que ha querido implementar de forma implacable nuestro actual gobierno, con unas políticas neoliberales que dejaban completamente al margen el bienestar de la sociedad y que se imponían en contra de la comunidad médica, de la justicia, del diálogo, de la razón. Amparados en una mayoría absoluta daba la impresión de que solo pensaban en el beneficio propio y la “tajada”, aun a sabiendas que debían para ello pisotear los derechos fundamentales de los ciudadanos.  
Con una tozudez inusitada, pacientes, médicos, enfermeros y administrativos han sabido organizarse en colectivos, plataformas y asociaciones, hasta convertirse en una marea creciente que ha ido dejando un rastro de decenas de manifestaciones, huelgas, encierros, publicaciones constantes en redes sociales, mesas de información, pancartas, batas blancas y gritos, que han mantenido a la población en la calle durante meses, sacrificando sus quehaceres y su tiempo libre para dedicarlo a una causa que parecía perdida desde el principio.
Aún queda mucho por hacer y la acción civil debería seguir siendo protagonista, Se me antoja un objetivo prioritario exigir al Gobierno Central la derogación de la Ley 15/97 y cualquier otra que permita a las empresas privadas gestionar la sanidad pública.  Pero además habrá que presentar batalla para recuperar los servicios ya privatizados: hospitales, ambulatorios, centros de salud mental, servicios de limpieza y lavandería,  bancos de sangre, etc; unidades que se han privatizado indiscriminadamente sin importar la opinión de los usuarios ni la eficacia de los mismos.     
Como decía, no es moco de pavo, y será acicate sin duda para toda esa gente que cree que no se pueden conseguir los objetivos solo con salir a la calle a manifestarse por las políticas erróneas y para reclamar penas por los abusos de poder..  Si no hacemos uso con toda nuestra energía de las escasas herramientas que nos da esta seudodemocracia, seguirán tratándonos como borregos.

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La dictadura perfecta

.  Regino Marmol  .

Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, una carcel sin muros  en la cual los prisioneros no soñarían con evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre. Una estructura de poder donde los políticos les jurarían su cargo sobre la Constitución, una biblia y en presencia de un  cristo crucificado para que no quepa duda de su propósito de enmienda. También los hay que prometen ante los mismos símbolos, pero les da igual. El caso es tomar el cargo.
Durante los últimos setenta y cinco años hemos cambiado de perro pero no de collar y mucho menos de quién lleva la correa. A veces pienso que si Franco hubiera vivido doscientos años, doscientos años hubiera estado gobernando. Durante cuarenta años estuvo apoyado por el gran capital, la iglesia católica y tuvo el beneplácito de los países occidentales, llamados también democráticos, como el nuestro. Los otros treinta y cinco años empezaron bien. Llegaba la democracia y pensábamos que simplemente con que nos dijeran que había llegado bastaba. Fuimos tan confiados e inocentes que pensamos que eligiendo a nuestros representantes a través de elecciones democráticas bastaba. Qué equivocados estábamos.
Fueron pocos los de antes y son muy pocos los que ahora son capaces de levantar su culo del sillón para intentar cambiar las cosas de una manera activa. Hacen con nosotros lo que quieren y todavía hay algunos que siguen pensando que vivimos en una democracia, ilusos. Pintamos menos que un concejal español en la oposición,  pero nos venden la burra de que somos el pueblo soberano y nos quedamos tan anchos.
Ahora atacan a los jueces que intentan revelarse ante la caciquería de otros. Jueces que, con mayor o menor suerte, intentan librarnos de los cabeza de cartel de la corrupción en España. Y ¿qué hacemos? Pues ver si lloverá mañana. Por investigar la “Gurtel” y el franquismo, el juez Baltasar Garzón inhabilitado. Por investigar el caso “Blesa”, el juez Silva inhabilitado. Por investigar el caso “Noos”, el juez Castro está siendo presionado y a buen seguro será el siguiente al que inhabiliten.
¿Todo sigue parecido? Han tardado muy poco en frenar los pequeños avances sociales que habíamos conseguido. Nos han robado y nos siguen robando. Quieren adoctrinar a nuestros hijos en las escuelas. Nos apalean si protestamos por defender o exigir nuestros derechos como ciudadanos. Nos endeudan para que no podamos levantar cabeza en tres generaciones. Se gastan lo que no está escrito en gastos fastuosos mientras nos fríen a impuestos de todo tipo y condición, para dejarnos tirados cuando ya no podemos ni pagarlos por haber perdido el trabajo o el negocio familiar. Nos recortan y nos recortan y nos vuelven a recortar los servicios públicos que pagamos nosotros para darles nuestro dinero, importante el dato, a sus amigos de la banca y otros amiguetes “del alma”.
Mientras pasa todo esto nos siguen diciendo que vamos por el buen “camino”, que no podemos protestarles, que es el único sistema posible, que ha sido culpa nuestra, que el demonio sigue siendo rojo, que nuestra dictadura perfecta se llama democracia, que les votemos de nuevo, que su ley está por encima de los derechos del ciudadano. Que sí.

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